
Esto es parte del final de la historia que escribía para ella, pero el final, se pierde en el final…
El partir a trabajar a Rancagua trajo consigo un extraño proceso de revisión vital, automática, permanente, que no controlaba. Me sentía bien, pero algo me inquietaba y me incitaba a enfrentar escenas de una serie de etapas de mi vida, como preparándome para algo. En todas ellas se reiteraba un sentimiento de vacío que me llevó a desear algo, a pedirle a Dios algo especial. A fines de febrero comencé a creer en Dios, porque cuando menos me lo esperaba, ella apareció.
Pronto le reconocí, era como un sueño, pero para mí, en aquel entonces, no era el momento. Por alguna razón la jugada de Dios era extraña, la trate de esquivar, pero no podía; comencé a actuar de corazón, dejándome llevar por el intenso amor que sentía. Me importó nada el “que dirán”, mi posición profesional, o lo que había sembrado anteriormente, sólo deseaba estar junto a ella. El sueño de mi pitonisa era real, volvía a vivir, después de haber sido declarado muerto. Luego comprendí que todo esto me invitaba a cambiar, a crecer, a ser mejor para ella y para mí también. Jamás pensé que sería tan feliz, pero ocurrió.
Hoy, hoy la muerte retorna, paralizándome, mostrándome que el amor siempre ha sido una vulgar mueca burlona; que no existe más que en mi patético corazón y en un estúpido sueño que se difumina una y otra vez. Me desenterraron para dejarme podrido en la superficie. Cambié para caer, esta vez con aún más furia, con aún más desconcierto y apatía. Públicamente, ridículamente. Creí en un sueño que me dejó aún más vacío de lo que estaba en un principio. Aún así es mi culpa, porque le amé y creí. Al final el imbécil fui yo, (sonríe) porque soy yo el que no vale la pena, el que se queda con esto… un montón de rosas podridas y planos de un futuro que dice “me vengo a despedir”. Aún así no me arrepiento… las cosas pasan para algo… aunque perderle me impida volver a sentir.
Cosas que no debo olvidar:- Una relación de amor, debe basarse en un compromiso de fe… Debes creer en el otro ciegamente, arriesgarte a ser hueón, perder el miedo. Si no lo haces, si no le invitas a esto, comienzas a pensar estupideces, siempre dudarás, es lo más fácil, y lo más doloroso. Te quedas en ti, no en la relación. Esto es arriesgarte de verdad y entregarte por completo… pero la felicidad lo vale... el ego no...
- El proyectarme siempre supe que me dañaría. Lo volví a hacer y vuelvo a recoger los pedazos.